miércoles, 29 de septiembre de 2010

Si te vas a poner los cuernos, póntelos bien



En los foros sobre la temática, siempre resulta un tanto cuanto complicado hablar acerca de los riesgos que la práctica de la infidelidad consentida conlleva, pasa uno por aguafiestas, y no faltan los jitomatazos. Sin embargo, la intención es prevenir, no necesariamente desincentivar. Los cuernos, al igual que todo en la vida, si te los vas a poner, te los debes de poner bien. Hablo de que una vez que la pareja decide entrar al ruedo, ambos adquieren ciertas obligaciones, si acaso se desea conservar la relación, claro. El cornudo, por ejemplo, nunca debe caer presa de los celos. Se pueden sentir, claro que se pueden sentir, son parte del juego, pero lo que no se puede es ser víctima de ellos y, en función de eso, hacer estupideces. Para ejemplo, pongo el caso de un internauta que hace unos meses colocó en un mensaje en un foro de preguntas y respuestas. Habla de que tras los cuernos y en un arranque de celos se le ocurrió desprestigiar a la chica. Error tan terrible como común. ¿Real o ficticio? No lo sé, pero de que se dan casos, me consta.

Aquí el mensaje: (http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20100328070858AAga45l)

Miren lo que sucede es que tuvimos una relacion hace un año y ahora analizando las cosas creo que ambos no estabamos conscientes de ser "cuckolds". Se dieron muchas cosas en base a prejuicios. Fuimos novios y ella me negaba sexo argumentando lo de las enfermedades venereas y de ke era virgen. Ella ya salia desde hace mucho tiempo con varias personas al mismo tiempo, es decir, viviamos algo asi como una relacion cuckold, ella me contaba en parte lo que vivia con ellos, diciendo que eran solo "fajes" . Lo que si me traiciono bastante fue que en una ocasion ella me confeso que le hizo oral y sexo completo sin condon a un tipo gorila. Eso me enojo muchisimo pues a mi me pedia condon para todo. Yo me vengue de ella destrozandole la reputacion, la hice añicos y ambos salimos muy lastimados.

Intente durante todo este año pedirle perdon pero no ha funcionado, los primeros 6 meses si me contestaba pero ahora ya ni eso, esta muy dolida.

Analizando ahora la relacion creo que ningun de los dos estabamos conscientes de ser cuckolds. Ella es muy joven, tiene 20 años y yo 28. De hecho ni siquiera sabiamos que era el termino cuckold, yo fui leyendo sobre eso.

Creo que a ella le daba mucha verguenza vivir plenamente la sexualidad y aceptar que le gustaba compartir las historias sexuales. En mi caso a mi me daba una sensacion de celos-exitacion que no he sabido definir. Me ganaron los celos y el dolor por la traicion que he hizo y la perdi.

A veces le intente hablar a ella de eso modelo de sexualidad cuckold, pero creo que lo ve como fuera de lugar.

El caso es que yo la deseaba y la deseo con unas ganas inmensas, lo que daria por tenerla nuevamente. Por otro lado ella esta sumamente dolida, y se que de vovler a iniciar una relacion creo que ambos conservariamos los recuerdos dolorosos.

No se que hacer, yo realmente quisiera olvidarla pero creo que no la puedo dejar de pensar debido a que encontre la priemer mujer en mi vida que me daba esa sexualidad cuckold que yo no habia experimentado como tal. El problema era que a mi me limitaba sexualmente pues eran solo fajes y a ellos si les daba todo.

Siento que ella tambien me extraño mucho al principio pues se acostumbro a mi bastante. Ahorita no se qu epiense ella, igual y ya me haya desplazado con otra persona. El caso es que la amo y quiero estar con ella, racionalmente mi mente me dice que ella significa problemas pues es mentorisa, es traicionera, le gustaba enganchar a los hombres para despues lastimarlos. Lo hacia a veces inconscientemente porque a mi me trataba diferente pero tiempo despues le gano su naturaleza y me trato mal.

Sera que debo de intentar salvar mi relacion cuckold o definitivamente me introduzco droga para poder calmar la ansiedad de no tenerla...La amo y la deseo sexualmente como a ninguna, lo malo fue que ella se encargaba de alimentar ese deseo y asi me dejo...A veces me dan ganas de aventarme de un puente...Trato de salir con otras mujeres pero no se me va de la cabeza, que hacer??

jueves, 23 de septiembre de 2010

Ayudado por el vecino (pseudocómic)

Otro poco de humor infiel

 

La Genetica en la Infidelidad de las Mujeres

Copio y pego este interesante artículo encontrado en la red...



“No todas las mujeres son infieles, pero, de acuerdo con nuestro estudio sí están preparadas genéticaente para serlo. Este es el factor más importante dentro de la infidelidad: un 40%”. El estudio realizado por Spector (sobre 1.600 parejas de gemelas) demuestra que la infidelidad femenina se encuentra bajo una considerable influencia genética y, por ello, la conclusión lógica es que este comportamiento persiste “porque es evolutivamente ventajoso para la mujer”, según palabras del propio Spector.

En este sentido, estudios de ciertas tribus indígenas han demostrado que las mujeres que eligen a varios hombres para procrear son más fértiles, y sus hijos tienen mayor índice de supervivencia. La estrategia sería, por lo tanto, la siguiente:

Una vez que una mujer ha establecido una relación duradera con una pareja con quien es socialmente monógama, la fidelidad sexual no es, necesariamente, ventajosa para ella; a menos que su pareja sea el mejor dotado genéticamente, o que el riesgo de ser infiel sea mayor que el beneficio. Así, desde un punto de vista evolutivo, la mejor estrategia para una mujer sería buscar amantes con una carga genética distinta, si el riesgo fuese mínimo. Esto obligaría al hombre a agachar la cabeza, de no ser porque la naturaleza es sabia.

“Esta estrategia solo funciona con un número reducido de mujeres. Si existiera un grado excesivo de infidelidad femenina”, asegura Spector, “los hombres se darían cuenta. Con la consecuencia del abandono e incluso el asesinato de madre y cría. De este modo, un equilibrio entre fieles e infieles, entre castas y promiscuas en la población, puede ser una estrategia clave en el éxito de nuestra especie”.
Permiso para ligar…

Pero no solo de genética vive la mujer. Un estudio realizado por los profesores Steven Gangestad, Randy Thornhill y Christine Garver, de la Universidad de Nuevo México, ha demostrado que las mujeres son sexualmente más activas pocos días antes, durante y después de su período de ovulación. Ese no sería un problema si el interés se manifestara hacia su pareja. Pero no. “Los resultados muestran que las mujeres presentaron mayor interés sexual y fantasías hacia el resto de los hombres –no hacia su pareja– cuando son fértiles que cuando no lo son”, comentan Gangestad y Thornhill. Las estadísticas de infidelidad son… fieles a la teoría, pero infieles en la práctica. Para comprender esto, basta saber que para el 50% de las mujeres el cibersexo no es infidelidad (el 80% de los hombres piensa igual).

Y es que el engaño puede tener varias caras, aparte del sexo internáutico. Un 81% de las mujeres confiesa que coquetea con sus compañeros de trabajo, y dos de cada tres aseguran que tienen pensamientos sexuales con ellos… ¿Acaso es esto infidelidad? Los investigadores distinguen diferentes tipos de devaneos sexuales: el informático (que no va más allá de una webcam), el inocente (que no sobrepasa el coqueteo), el platónico (que no pasa del morreo) y el “plutónico” (que es infidelidad aquí y en cualquier otro planeta). Por eso son tan variadas las cifras a la hora de estudiarlas.

Una reciente investigación del Journal of Couple and Relationship Therapy asegura que entre un 45 y un 55% de las mujeres casadas son infieles. Para la sexóloga Janis Springs, autora de After the affaire, la infidelidad afecta a casi un tercio de las parejas. En promedio, las estadísticas de infidelidad aseguran que el 60% de los hombres son infieles, y que el 40% de mujeres les sigue los pasos. Esto hace pensar que si solo la mitad de las mujeres que son infieles, es decir un 20%, tiene un asuntillo con algún soltero, resulta que en el 80% de los matrimonios uno de sus miembros tiene una aventura. Para Sexole, el primer estudio sobre conductas y preferencias sexuales de usuarios de internet en España, las mujeres son más infieles que los hombres (50% frente al 44%) y también más apasionadas: un 65% exterioriza más las emociones en el momento del clímax, frente a un 27%.

Pese a la diferencia en las cifras, todas concuerdan en las tendencias. Mientras la infidelidad masculina se mantiene en una meseta del 50%, la femenina, desde hace unos 20 años, se ha “popularizado” hasta alcanzar –y quizá, gobernar– el hasta ahora feudo masculino del engaño. La periodista francesa Janick de Oliveira Cézar ha escrito, tras 5 años de investigación, el libro ‘Infidelidad’. Para ella, la razón de este incremento de la traición femenina es clara: “Ellas ahora tienen las mismas oportunidades que los varones. Muchas trabajan, y el lugar por excelencia para que se genere un engaño siempre fue el trabajo”. Cuando le preguntamos sobre la carga genética dentro de la infidelidad, Oliveira respondió: “Muchos se sorprenden al enterarse de que las mujeres tienen un gen que las lleva a ser infieles.

La antropóloga Helen Fisher lo describe fantásticamente en uno de sus libros: en muchas especies de animales (entre ellas, varias clases de simios), las hembras se escabullen por los matorrales con los más jóvenes”. Para explícitos, los animales. Menos del 5% de los mamíferos son fieles. Y tampoco estos lo llevan muy bien. Los machos de algunas aves, por ejemplo, cuando ven que su compañera está en conciliábulo sexual, vuelan directamente hacia el pretendiente y lo liquidan. A continuación, inseminan a la hembra. Los que no llegan a tal extremo de celos también tienen sus estrategias. Si un macho de rata o de mono, por ejemplo, ve a su pareja apareándose con otro, la vuelve a inseminar de inmediato. Esta es la razón por la que las ratas, los monos y los hombres, para qué negarlo, se excitan sexualmente al observar a otra pareja realizando el acto sexual.

Carrera hacia el óvulo

Al igual que en casi todos los demás aspectos de la sexualidad, el atractivo de la pornografía se debe a una conducta diseñada por la evolución para tener éxito en la guerra de espermatozoides. ¿Qué guerra es esta? La que ha sido confirmada recientemente por investigadores del CSIC. Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha descubierto que en las especies en las que las hembras se aparean de forma promiscua, lo que provoca la competencia del esperma de distintos machos, el semen presenta mayor calidad. En concreto, se incrementan la cantidad, el tamaño y la velocidad de los espermatozoides. El director de la investigación, Eduardo Roldán, explica: “Al comparar entre sí cuatro especies de ratones, hemos descubierto que, cuando los espermatozoides tienen que competir con los de machos rivales, una mayor proporción de ellos se capacita para fecundar el óvulo”.

Más allá de las cifras y la genética, la realidad es que la infidelidad, vista como el engaño a una pareja, es una cuestión cultural. Son muchas las sociedades en las cuales las mujeres pueden tener varios amantes y que esto resulte beneficioso, o al menos aceptado, por sus miembros: los pahari del norte de la India, los inuit, los surui de Brasil, los mosuo de China y algunas tribus del África subsahariana y de Nueva Zelanda. También los primeros habitantes de las Canarias, los guanches, la practicaban. Lástima que se hayan extinguido. Y suerte que soy soltero.

martes, 21 de septiembre de 2010

Rebelde Buey


Rebelde Buey es un blog de excelentes relatos eróticos relacionados con "mujeres infieles y sus cornudos". Mujeres infieles de las que, dicho sea de paso, es imposible no enamorarse tras leer sus aventuras plenas de sensualidad y morbo.

El blog incluye un libro en desarrollo y decenas de relatos, casi todos realizados por el mismo autor, el propio Rebelde Buey, quien no sólo es un prolífico escritor de relatos keratáfilos, sino también un maestro en el arte de la palabra escrita.

Por si el morbo en el sitio no fuera suficiente, el autor ofrece un apartado especial, "El Lado Oscuro", en el que coloca los relatos que rebasan los límites de la santidad y las buenas costumbres. Sólo es cosa de solicitar el acceso para disfrutar de la perversión literaria más morbosa.

Mi sitio favorito de relatos keratáfilos, sin la menor duda.

Una historia de cuernos 3


 
Primeros cuernos de casados.

Algunas personas sostienen que el matrimonio no afectó su vida sexual, pero son los menos. Mi caso es el de la mayoría, el de las personas que viven una intensa vida sexual antes del matrimonio y una vez realizado éste, con el paso del tiempo va mermando la pasión y convirtiéndose la pareja en sólo un par de amigos. Por eso es que uno se pone a buscar nuevas cosas que añadan sabor a la relación matrimonial. Por eso es que cierta noche, finalmente me animé a preguntarle a mi mujer si alguna vez me había sido infiel.

- ¡¿Cómo crees?! – me respondió haciéndose la ofendida. Pero ella sabía que mi pregunta tenía fundamentos. Ella sabía que yo estaba casi seguro de que ella me había puesto el cuerno siendo novios. Ella sabía que, ya de casada, yo la había sorprendido en más de una ocasión coqueteando con otros hombres. Ella sabía que sé que le gusta andar en casa con poca ropa, aún sabiendo que los vecinos la pueden observar tras los ventanales, aún sabiendo que cuando algún extraño entra a la casa, el que lleva el agua, el plomero, a ella no le importa andar en ropa sexy.

- ¿Te confieso algo? He pensado sobre el asunto y de verdad que no me molestaría si me enterara de que alguna vez me fuiste infiel. ¿En serio nunca me has sido infiel?

Su rostro tomó un matiz entre nervioso y excitado. Parecía como si en su cerebro se llevara en ese momento un combate entre su deseo de revelarme la verdad y el temor de meterse en problemas.

- Ya te dije que no, pero además, creo que haces mal en hacerme ese tipo de preguntas. No es el caso, pero imagínate que sí te hubiera sido infiel alguna vez ¿a poco no te dolería que te dijera que sí?

- Ya te dije que no me dolería. El concepto de la fidelidad no es un atributo humano, sino una costumbre. Por ejemplo, en Alaska los nativos comparten a su mujer con los visitantes como una forma de cortesía. Es la sociedad, la nuestra, la de la doble moral,  la que nos ha impuesto la costumbre de ser egoístas y mortificarnos por el disfrute de nuestra pareja cuando éste no es con nosotros. ¿No se supone que deberíamos alegrarnos por el placer de nuestra pareja? Si yo me acuesto responsablemente con otra mujer ¿no se supone que te deberías alegrar por mi disfrute? Si tú te acuestas con otro hombre y lo gozas, ¿no se supone que debería sentirme bien por ti?

- ¿Y ahora a qué vienen esas ideas locas? No me digas que quieres proponerme que me acueste con otros para que tú también te puedas acostar con otras viejas – me dijo, como asumiendo que yo estaba bromeando.

- ¡Hey, no lo había visto así! Quizá en el fondo sea eso lo que quiero jeje. Pero no, no lo creo, te voy a decir algo que no te he confesado en todos estos años: fantaseo imaginándote con otro hombre. – ¡Vaya! ¡Por fin, después de años, me había atrevido a soltarle mi mayor secreto! Pero creo que no parecí muy convincente.

- ¡Ja!, ¡cómo te gusta jugar con fuego! Si en verdad tuvieras esas fantasías, dudo mucho que te gustara que se hicieran realidad -, me contestó aún con esa aparente certeza de que yo estaba bromeando.

- ¿No recuerdas cuando veíamos películas porno con Gonzalo, en su cama? – le solté, evocando aquellos viejos tiempos en los que, siendo novios, veíamos películas porno con mi mejor amigo y en su cama los tres – su rostro enrojeció.

- ¿Y eso qué?

- Que ahí tienes una prueba de que no me asusta verte en situaciones cachondas con otros.

- ¿Con otros? Pero si estaba contigo, si veía películas porno es porque quería verlas contigo. Si las veíamos con Gonzalo es porque nosotros no teníamos videocasetera.

- De acuerdo, pero me daban mucho morbo esas situaciones, particularmente cuando te ponías cómoda y él no quitaba la vista de tu trasero – ella no pudo evitar una sonrisa al oír esto - evoco muchísimo aquél momento en el que al regresar del baño los encontré embonados – continué.

- ¿Embonados? – me cuestionó con una sonrisa que pretendía disimular. Sabía bien de lo que le hablaba.

- Sí, tu trasero perfectamente embonado en el regazo de él, y su mano cayendo apoyada en tu cadera. No te creeré si me dices que no te acuerdas.

- ¡Ah! Pensé que decías “embonados” de otra manera jajaja. Bueno, si de repente nos quedábamos dormidos en aquella cama los tres, era natural que a veces nuestros cuerpos hicieran contacto, ¿no?

- Claro. Si no te estoy reclamando nada, sólo estoy tratando de demostrarte que no sólo no me enoja verte “con otro”, sino que hasta me atrae el asunto.

- Bueno, pero una cosa es tocar a otro y otra muy distinta acostarme con él.

- Claro, yo lo sé, pero si en una de ésas, ustedes dos hubieran cogido, yo no me habría cabreado, es lo que quiero decirte.

- ¿En serio? Pues entonces ha de ser que no me amas – me dijo en papel de digna.

- No, claro que te amo, pero como te decía, precisamente porque te amo me gustaría verte sintiendo placer a manos llenas.

- Pero si a mí me gusta hacerlo contigo, no necesito a nadie más – me dijo en tono serio, pero ella, yo, y todo munda sabemos que esto no es cierto, hombres y mujeres fantaseamos con hacerlo con otras personas, para poner pimienta a nuestra sexualidad.

- ¿Entonces por qué lo hiciste con Juan Pablo? – le solté, evocando el nombre de uno de sus expretendientes, con quien estaba yo casi seguro de que me había engañado alguna vez, siendo novios – su rostro empalideció casi de inmediato.

- ¿De qué hablas?, ¿cuál Juan Pablo? – me respondió fingiendo sin éxito no saber de quién le hablaba - ¡Ah!, ¡Juan Pablo! – dijo después, como tratando de fingir que ya se acordaba de quién le hablaba.

- ¡Pero si tiene años que no lo veo! – me replicó.

- Si no te estoy diciendo que me hayas engañado con él recientemente, sino aquella vez que fuiste a Cuernavaca.

- ¡Pero entonces ni siquiera estábamos casados! – se apresuró a decirme, sin medir que con tal expresión estaba confesándome su infidelidad. Yo sólo sonreí, satisfecho de haber confirmado mi sospecha. En ese momento ella se dio cuenta del error que acababa de cometer, pues si bien no estábamos casados entonces, sí éramos novios ya. Quedó como petrificada, sin saber qué decir.

- ¿Ves cómo no me hiere saberte con otro? Tu aventura con él es algo que supe desde que ocurrió, y aún así me casé contigo – le dije para probarle que el saberla con otro no me convierte en un celoso insoportable. En realidad le mentí, porque yo tenía mis fundadas sospechas, pero no estaba 100% seguro de que ella me había sido infiel aquella vez.

- ¡Cómo te atreves a pensar eso de mí!, ¡jamás te he sido infiel! – me replicó, intentando de nuevo hacerse la digna.

- Oye, tranquila. Si alguien debería estar enojado soy yo, y ya ves que desde entonces lo he tomado con calma. Traje a él a colación sólo para demostrarte que en verdad no me afecta saberte con otro. Todo lo contrario, fantaseo mucho con tu infidelidad al punto de que hace unos meses escribí un relato sobre lo que pasó aquella vez en Cuernavaca.

- ¿Un relato sobre lo que pasó en Cuernavaca? ¿Y cómo sabes qué pasó si tú no estuviste? – me dijo, queriéndose hacer la lista.

- Lo que pasó fue muy obvio. No necesité estar ahí todo el tiempo para enterarme de lo ocurrido.

- A ver, préstame ese relato para ver, según tú, qué ocurrió – me dijo. Inmediatamente saqué mi portátil y abrí el documento. Se puso a leerlo. Durante la lectura se notaba nerviosa y sonreía burlona de vez en vez.

- ¡No cabe duda que tienes una imaginación muy fantasiosa! – me dijo socarrona una vez que concluyó el relato, como si de verdad fuera falso. Tenía el rostro típico de una niña traviesa que pretende sostener una mentira terriblemente burda.

- ¿Qué hacía entonces la envoltura de condón en el cesto del baño?

- Te has de haber confundido, no tenía por qué haber ninguna envoltura de condón ahí.

- No, no estoy confundido. Estoy 100% seguro que ahí estaba una envoltura de condón.

- Pues sólo que la haya dejando alguna afanadora – cedió.

- ¿Y entonces qué hacía el semen en tu vagina?

- ¿Cuál semen? Sí estaban empapadas mis bragas, pero era porque hacía mucho que no lo hacíamos y había estado muy caliente todos esos días. Por eso fue que quise que cogiéramos ahí mismo – continúo mintiendo con el cinismo exquisito del que sólo son capaces las mujeres más putas.

No tenía sentido seguir conversando. Estaba atrincherada en su mentira y era obvio que no quería dar el paso que implicaba reconocerse ante mí como una piruja. Tampoco a mí me interesaba que reconociera nada, sólo demostrarle que en verdad me hacía ilusión saberla enchufada por otro cabrón. De manera que sólo atiné a abrazarla lascivamente, para hacerle saber que el hecho de que se hubiera entregado a otro no despertaba celos en mí, sino, por el contrario, una profunda excitación sexual.

Esa vez cogimos como hacía mucho tiempo no lo hacíamos. En medio del frenesí, le pedí que me lo hiciera como se lo hizo a él, y que me llamara “Juan Pablo”. No se atrevió a complacerme en esto último, pero cerró los ojos y empezó a moverse de una manera muy exquisita, como no acostumbraba hacerlo. Mientras yo arremetía contra su conejito, ella llevó su mano a su clítoris para masajearlo mientras yo me la cogía. Empecé a hablarle al oído, tratándola de puta y diciéndole que yo era “Juan Pablo” y que si le gustaría que me la cogiera otra vez. Ella en vez de sentirse ofendida se excitó hasta explotar en un orgasmo que hacía tiempo no tenía. Yo no pude resistir aquello y segundos después también exploté dentro de ella.

En los días siguientes no volví a comentarle nada sobre el asunto, para no presionarla demasiado. Mi estrategia con ella siempre ha sido la paciencia, como cuando le metí la idea de sacarle fotos desnuda, hasta que semanas después era ella quien casi me lo suplicaba. Tenía la esperanza de que, tras haberle metido la idea de serme infiel, ésta madurara poco a poco, hasta que un buen día me diera la sorpresa.

Debieron pasar más o menos un par de meses, cuando súbitamente y como si se tratara de cualquier persona, me soltó la noticia de que “casualmente” la había contactado por Internet el tal Juan Pablo. ¡En la madre! ¿El maldito wey que se cogío a mi vieja cuando era mi novia, la había contactado justo semanas después de que le confesé a ella que sabía lo de su infidelidad con él?

- ¿Y qué cuenta? – le dije, disimulando la confusa emoción que sentí.

- Nada, está reloco – me contestó a secas, como dejando que fuera yo el que le pidiera seguir hablando. Obviamente no resistí la curiosidad.

- ¿Por? – dije tratando de seguir disimilando mi interés.

- Que quiere invitarme un café, imagínate – me contestó ella, también haciéndose la que el tema le resultaba en absoluto aburrido.

- Pero él vive en Aguascalientes ¿no?

- Sí, pero dice que va a venir en dos semanas a un congreso y le gustaría que nos viéramos para platicar, en plan de amigos, claro. Por supuesto que ya le dije que no.

- ¡Vaya! ¡Qué bueno que lo mandaste a la chingada!, ¿pues qué ya se le olvidó al imbécil que eres casada? – le dije encabronado. En verdad la noticia estaba despertando mis celos.

Es curioso, porque por años había tenido la fantasía de que mi mujer me fuera infiel, y ahora que había un pequeño resquicio para la realidad, me estaban asaltando los celos. Y es que por supuesto que no es lo mismo fantasear con la infidelidad de la esposa, que sentirla cercana.

- ¡Hey!, tampoco le digas así. Si no te estoy diciendo que quiera algo conmigo, simplemente quería que tomáramos un café aprovechando que viene para acá al congreso ése. Pero ni te preocupes, que ya le dije que no.

La manera en que lo defendió me hizo entender que en verdad ella le tenía cariño al sujeto. No sé por qué eso me gustó, y el celo comenzó a desaparecer para dar paso a la excitación. Sin embargo, entendí su juego. Ella dijo querer rechazar la invitación del fulano, con la intención de que yo fuera quien le insistiera en ir. ¡Como si no la conociera! Por eso preferí hacerla sufrir un poco y simplemente cambié la conversación.

Los días pasaron y su estado de nerviosismo fue creciendo conforme se acercaba la fecha.

- Fíjate que ya me está remordiendo la conciencia y se me hace grosero no aceptar la invitación de Juan Pablo – me dijo en el desayuno, faltando apenas dos días para la dichosa fecha. A decir verdad, a esas alturas a mí también me había remordido la conciencia pensando que estaba echando a perder la oportunidad de oro para aterrizar fantasías por largo tiempo imaginadas. Sin embargo, mis celos pudieron más.

- ¿Sabes? La verdad sí me gustaría que salieras a tomar un café, pero no con ese wey, todavía recuerdo la mirada burlona que me echó aquella vez, la de tu destrampe en Cuernavaca.

- ¿Cuál destrampe? Ya te dije que allá no ocurrió nada y lo de su risa burlona son alucines tuyos, él te tiene mucho respeto.

- ¿Ah, sí? ¿Cómo sabes que me tiene respeto? ¿Han estado en contacto entonces?

- ¡Pero qué pesado eres! Ya te dije que me contactó por e-mail y nos hemos escrito un par de veces. ¡Anda!, déjame tomar ese cafecito y te prometo portarme bien, sabes que lo estimo y se me hace grosero no verlo. ¿Acaso no me tienes confianza? – y mientras esto me decía se sentó de frente sobre mí, con sus piernas abiertas, haciendo pleno contacto con su vulva sobre mi pene, mediando nuestras ropas. Frotó sus pechos contra el mío, abrió su boca y se entregó en un beso erótico que hacía mucho no me regalaba. Al tiempo, su culo se mecía provocativo frotando más y más mi verga. Bien sabe que con esas actitudes de puta consigue todo de mí.

- ¿Verdad que sí me dejas? – me dijo, sin ceder un instante en su meneo seductor, más bien acentuando el tono de sus jadeos. De momento no me atreví a decir sí. Imaginarla así de puta en los brazos de ese cabrón me causaba una doble sensación de excitación y celos.

- ¿Te portarás bien? – le dije estúpidamente.

- Sabes que soy muy bien portada – me dijo, mientras su cuerpo me decía todo lo contrario. No supe si tomar eso como una promesa de que se portaría de lo más guarra con el tal Juan Pablo.

- Dame tu verguita, la quiero dentro de mí – me dijo al oído seductoramente. ¡Con lo que me revienta que llame a mi miembro “tu verguita”!, pero bueno,  me la llevé al sofá de la sala y le di su ración de “verguita”. Ya era tarde, pero la calentura era mucha y decidí llegar tarde al trabajo. Mientras me la cogía, ella cerraba los ojos y gemía como loca, sin importar que los vecinos escucharan. Seguro se estaba imaginando que se la estaba cogiendo aquel cabrón. Para confirmarlo, empecé a llamarla con el mismo apelativo con que Juan Pablo la solía llamar en la época en la que ambos competimos por ella: “Monique”. ¡Puta! ¡Qué manera de reaccionar! Empezó a intensificar el movimiento de su trasero y en cosa de menos de un minuto se vino estruendosamente. Ante aquella reacción, tampoco pude aguantar mucho y me orgasmeé también.

Al día siguiente, viernes por la tarde, me llamó a la oficina.

- Mi cielo, Juan Pablo ya está aquí.

- ¿Aquí?

- Sí, aquí en la ciudad. Me acaba de hablar. Me invita a cenar. ¿Tienes inconveniente en que lo acompañe?

- ¿No iban a tomar un café mañana?

- Sí, pero llegó desde hoy y el pobre está todo sacado de onda porque hace varios años que no venía para acá y no conoce la ciudad.

- ¿Y quiere que la hagas de su guía turística o qué?

- No seas pesadito, ¿me das permiso de acompañarlo un ratito o no? – me respondió casi al punto de la exasperación. ¡Puta! No tenía opción. Meses atrás le había metido la idea de que me gustaría que me fuera infiel y ahora que parecía estar por cumplirse mi fantasía no podía salirle con babosadas.

- Está bien, pero cuídate mucho por favor, ¿en qué sitio van a cenar? – qué ingenuo me vi. Ni yo me la creí que fueran a cenar.

- No lo sé. Está en el Fiesta Americana y quedé de pasar por él al ratito para de ahí decidir a dónde ir a cenar. ¿Quieres venir con nosotros? – me preguntó hipócritamente. Casi me carcajeo con semejante invitación. No sé qué cara hubiera puesto si le tomo la palabra.

- No, para nada. Sabes que el sujeto no es santo de mi devoción. No hay problema, sólo llévate el celular para cualquier cosa que se ofrezca. ¿Entonces ya no te alcanzo en casa?

- No, ya voy de salida, se supone que tenía que estar con él desde hace media hora. Si se me hace un poquito tarde no te preocupes ¿eh?, tenemos muchas cosas por platicar.  Te quiero mucho y gracias por ser tan bueno. Te mando un besito.

- Sí llevas protección, ¿verdad?

- ¿Protección? – ¡en la madre! La estaba cajeteando, se supone que no iba a coger.

- Paraguas, por si llueve, mi cielo – atiné a decirle.

- Es plena primavera, tontito. No llueve estos días. Ya me tengo que ir.

- Sale, cariño, pero cuídate mucho, nos vemos en casa. Bye.

En cuanto colgué el teléfono sentí un tremendo hueco en el estómago. ¿Acababa de darle permiso a mi esposa de acostarse con otro o sólo eran alucines míos y en verdad sólo iban a cenar? Apenas eran las 5 de la tarde. ¿Para qué iría por él “para ir a cenar” tan temprano? Esperé la hora de la salida de la oficina pasmado, mucho más preocupado por la pendejada que acababa de hacer, que entusiasmado por la fantasía aparentemente en curso de realización. En cuanto dieron las 6:30 salí para la casa y a las 7:00 ya me encontraba en ella pasando por una extrañísima sensación de soledad. Mil pensamientos pasaron por mi mente, algunos excitantes, otros remordientes de la conciencia, hasta que súbitamente me llegó la idea de explorar la portátil de mi esposa para ver si encontraba algo que me ayudara a pasar aquellos momentos.

Lo primero que hice fue tratar de acceder a su cuenta de correo, pero por muchos intentos que hice probando con diferentes claves que procuré adivinar, con ninguna lo logré. Luego exploré su carpeta de archivos recibidos y me encontré con la primera sorpresa: varias fotos guarras del susodicho y diversos archivos de contenido sexual, algunos de bromas, algunos de porno. Entonces entendí por qué ella me había hablado de que sólo habían intercambiado “un par de correos”, ¡la mayoría del tiempo se la pasaban chateando por el Messenger! ¡Claro! ¡Quizás por ahí estuvieran grabadas las conversaciones! Me puse a buscarlas y, dicho y hecho, estaban en la carpeta de archivos recibidos. La muy boba se había asegurado de poner una buena clave de acceso a su cuenta de correo, pero no había tenido la precaución de configurar el Messenger para que no se guardaran sus conversaciones automáticamente.

Abrí la conversación más antigua y me topé con el diálogo que copio y pego, quitando unas cuantas líneas, por contener datos privados:

Juan Pablo says:
¡¡¡Hola!!!
Juan Pablo says:
Me dio muchísimo gusto recibir tu correo. ¿Cómo te ha ido? ¿No estás ocupada?
Mnica says:
hola
Mnica says:
jijiji no cambias
Mnica says:
bien dentro de lo que cabe
Juan Pablo says:
¿No cambio? ¿Por qué lo dices?
Mnica says:
tendría que estar haciendo la comida pero no te preocupes pido pizza ji ji
Juan Pablo says:
¿Bien dentro de lo que cabe? ¿Cómo?
Mnica says:
pues porque hasta para chatear eres muy formal ji ji
Juan Pablo says:
¡Ah! ¡Ya capto! Es que te faltó una coma después del “bien”, no es lo mismo decir “bien dentro de lo que cabe”, que “bien, dentro de lo que cabe”, pensé que me estabas albureando jajaja
Mnica says:
no entiendes burrito????
Mnica says:
ji ji ji de veras lo que una coma cambia las cosas… por cierto te gustaría estar dentro de lo que cabes???? ji ji
Juan Pablo says:
¿“Burrito”? ¿Me lo dices por tonto o por lo otro? jajaja
Juan Pablo says:
¿A qué te refieres?
Mnica says:
ji ji ji pues no era por eso era por tonto pero ahora que lo dices también es por eso ji ji
Mnica says:
A eso a que si no te gustaría estar dentro de lo que cabes ji ji
Juan Pablo says:
Mujer, ¿qué en tu teclado no funciona la tecla de la coma?
Juan Pablo says:
Claro que me gustaría estar dentro de lo que “cabo” jajajajaja
Mnica says:
ji ji ji ves como no cambias???? qué importan las comas???? ji ji
Mnica says:
De veras????
Juan Pablo says:
Si acaso entendí bien (ojalá), claro que me gustaría. ¡No sabes cómo recuerdo esa semana!
Mnica says:
Pues qué es lo que entendiste cochino ji ji ji
Juan Pablo says:
¿Te digo y no te enojas?
Mnica says:
A ver dime
Juan Pablo says:
Estar dentro de lo que quepo… y me gustó tanto estar. ¡Ups! Se me hace que me va a tocar bofetada virtual jajaja
Mnica says:
Todo lo contrario te he extrañado mucho estos años
Juan Pablo says:
¿Me estás cotorreando?
Mnica says:
no sabes que no…
Juan Pablo says:
Pero lo preferiste a él ¿por qué?
Mnica says:
porque no podía quedarme con los dos
Mnica says:
que te extrañe no quiere decir que no lo quiera a él
Juan Pablo says:
Yo sé por qué lo preferiste
Mnica says:
ah sí????
Mnica says:
a ver por qué?????
Mnica says:
dime
Mnica says:
te comieron los dedos los ratones???? ji ji ji
Juan Pablo says:
El era mejor partido ¿no es así?
Juan Pablo says:
Tenía más lana que yo
Mnica says:
qué cosas dicen ustedes todos son iguales
Juan Pablo says:
¿Entonces por qué lo preferiste?
Mnica says:
qué tal si mejor hablamos de cosas más ricas????
Mnica says:
no te gustaría????
Juan Pablo says:
¿Gustarme qué?
Mnica says:
hablar de cosas más ricas burrito
Juan Pablo says:
¿Cómo cuáles o qué?
Mnica says:
pues lo que te decía, estar en lo que cabes ji ji ji
Juan Pablo says:
Condenada, me estás calentando mucho, no se vale jugar así
Mnica says:
y quién dice que estoy jugando, deja te cuento
Mnica says:
resulta que en días pasados mi maridito me dijo que sabía lo que había pasado entre nosotros en Cuernavaca
Mnica says:
cómo ves????
Juan Pablo says:
¿En serio?
Mnica says:
Totalmente hasta me habló de que dejaste la envoltura del condón en el cesto so inútil ji ji
Juan Pablo says:
Chin.
Juan Pablo says:
¿Y por qué no te lo dijo entonces?
Mnica says:
no sé creo que no estaba seguro y no quería problemas
Juan Pablo says:
¿Y diez años después te lo viene a reclamar?
Mnica says:
ji ji ji no no exactamente
Juan Pablo says:
¿Entonces?
Mnica says:
de veras quieres saber????
Juan Pablo says:
¡¡¡¡Claro!!!!
Mnica says:
Dice que fantasea mucho imaginándome de piru con otro ji ji
Juan Pablo says:
¡¡¡Plop!!!
Juan Pablo says:
¡¡¡Hija de tu madre!!!! Me estás cotorreando ¿verdad?
Mnica says:
ji ji ji ji no es la purititititita verdad
Juan Pablo says:
WWWWOOOOOOWWWWWWWW la de cosas que me estoy imaginando en este momento
Juan Pablo says:
¿Y qué le dijiste?
Mnica says:
qué es lo que te estás imaginando????
Juan Pablo says:
Ya te imaginarás jeje
Mnica says:
Pues le dije que cómo se atrevía a decirme eso, que yo era algo así como una santa ji ji
Juan Pablo says:
Me consta que coges como santa… jajaja
Mnica says:
pero dime que es lo que te estás imaginando so burrito
Juan Pablo says:
Que voy a visitarte y complacemos las fantasías de tu mariado, por supuesto.
Mnica says:
guau!!!! En verdad lo harías????
Juan Pablo says:
Pero por supuesto jeje
Mnica says:
y tu señora te dará permso????
Juan Pablo says:
Es más fácil pedir perdón que permiso, pero aún no me la creo y pienso que me estás choreando
Mnica says:
pero qué necio eres quieres una pruebita de amor????
Juan Pablo says:
¿Una prueba? ¿Cómo cuál o qué?
Mnica says:
te mando fotitos de mí
Mnica says:
pero también me debes mandar fotitos de ti
Mnica says:
sigues igual de bueno???? ji ji
Juan Pablo says:
¡¡¡Hecho!!! Me gusta la idea
Juan Pablo says:
A las pruebas me remito. A ti ni te pregunto porque debes seguir igual de buenísima
Mnica says:
ni tanto, estoy que no aguanto las lonjitas ji ji
Mnica says:
pero con muchas ganas de sentirte de nuevo
Mnica says:
la noche en que Héctor me platicó de esto me lo cogí como la loca porque imaginé que él eras tú aunque su cosita es más pequeñita ji ji
Juan Pablo says:
Con lonjitas te me antojas más
Juan Pablo says:
¿De veras?
Mnica says:
de veras qué?
Juan Pablo says:
¿De veras es más pequeñita? jajaja
Mnica says:
qué esperabas mi burrito? ji ji
Mnica says:
tienes la más grande que yo haya conocido ji ji
Juan Pablo says:
¿Has conocido otras en este tiempo?
Mnica says:
ji ji ji pero qué curioso eres!!!!
Mnica says:
mejor no te cuento porque no me vas a querer por piru ji ji ji
Juan Pablo says:
¿Qué tiene de malo ser curioso?
Mnica says:
de veras quieres que te cuente????
Juan Pablo says:
WWWWWWWWOOOOOOOOOOWWWWWWWWWWWW
Juan Pablo says:
¿Entonces sí ha habido cosas?
Juan Pablo says:
¡Claro! ¡Cuenta por favor!
Mnica says:
la curiosidad mato al gato ji ji
Juan Pablo says:
Me estás cotorreando de nuevo
Mnica says:
Sabes que me gusta????
Mnica says:
Andar por la casa en ropita sexy
Juan Pablo says:
¿Qué te gusta?
Juan Pablo says:
WWWWWWWWWOOOOOOOOOOOWWWWWWWWWWWW
Mnica says:
una vez vino el del sky
Juan Pablo says:
¿En serio?
Juan Pablo says:
¿El del Sky?
Mnica says:
yo andaba en ropita en camisón ji ji
Mnica says:
sí para arreglar lo de la tele
Juan Pablo says:
¿Y qué pasó?
Mnica says:
ji ji se me transparentaban las bubis y se puso nerviosísimo
Mnica says:
le pedí disculpa por las fachas
Mnica says:
lo llevé a la recámara porque es donde tengo el aparato
Juan Pablo says:
Quien fuera técnico de Sky jajaja
Mnica says:
mientras revisaba el aparato me puse a recoger porque ni la cama había tendido
Mnica says:
me hizo mucha gracia que no me quitaba la vista de encima ji ji
Mnica says:
arregló el aparato en unos minutos y al terminar me preguntó si vivía sola
Juan Pablo says:
¿Entonces te revisó “el aparato”? jejeje
Mnica says:
le dije que sí que mi marido viajaba mucho ji ji
Mnica says:
no estaba muy guapo pero sí se me antojaba ji ji
Mnica says:
ji ji si lo revisó todo ji ji
Juan Pablo says:
¡Dejarías de ser Monique! jajaja
Mnica says:
me dijo que era muy guapa y que le recordaba a una novia que tuvo
Mnica says:
nada más me reí ustedes no se saben otra para ligar ji ji
Juan Pablo says:
¿Y qué le dijiste?
Juan Pablo says:
¡Ah! jajaja
Mnica says:
y ya no te cuento lo que sigue porque de piru no me bajas ji ji
Juan Pablo says:
¿Te lo echaste al plato entonces?
Mnica says:
al único que me quiero echar al plato es a otro ji ji
Juan Pablo says:
Jajaja no te vayas por la tangente, cuenta
Mnica says:
no seas curiosito te cuento pero en una cama para estar cómodos ji ji
Mnica says:
o no quieres complacer a mi maridito????
Juan Pablo says:
¿Segura que no me estás cotorreando?
Mnica says:
si no me crees me busco otro para que me ayude con la fantasía de Héctor ji ji
Juan Pablo says:
jajaja no lo dudo
Mnica says:
cuidado con lo que dices, que me estás diciendo piru ji ji
Juan Pablo says:
Aquella vez te gustó que te dijera cositas así al oído
Mnica says:
no estoy diciendo que ya no me gusten ji ji
Juan Pablo says:
Chin. Debo irme, me requieren por acá. Dame tu teléfono por favor.
Mnica says:
no hay problema burrito piensa la propuesta
Juan Pablo says:
No hay nada qué pensar, dalo por un hecho. Si es que no me has cotorreado jajaja
Mnica says:
que no es en serio la propuesta
Juan Pablo says:
Ok. Estamos en contacto. Cuídate. Adiós.
Mnica says:
besitos bye

Bueno. Ya se podrán imaginar lo que pasé cuando leí esto. Por un lado confirmaba ese lado B de la mujer a la que amaba. Sabía que me ocultaba cosas y que conmigo se hacía la mosquita muerta, pero no tenía idea de que fuera tan zorra. Sin embargo, lejos de sentirme ofendido por el descubrimiento, sentí una extraña sensación de placer. La imaginaba en esos momentos putísimamente entregada al tal “burrito”, y lo disfrutaba muchísimo. Como es de suponer, me puse a explorar otras conversaciones, eran como 40, aunque algunas son cortas. Chatearon casi diario. Tuvieron cibersexo, se platicaron fantasías, hablaron también sobre temas comunes nada interesantes, tocaron su aventura en Cuernavaca, otras cosas que no entendí, etc. Obvio es decir que no pude leer con detalle todas las conversaciones ese día. La calentura me ganó.

Pensando en lo que en esos momentos mi putísima esposa hacía con su expretendiente, me metí en la cama para masturbarme. La imaginaba mamando aquella enorme verga (en efecto la tenía grande, aunque no tanto como para merecer el apodo de “burro”, lo sabía entonces por las fotos guarras que él le había mandado), siendo follada como perra, recibiendo la leche en su coño o estrenando su culo (jamás me ha permitido cogérmela por el culo). Más turbado que nunca, me vine rápidamente y caí dormido. Debieron ser apenas como las 11 de la noche.

Horas más tarde me despertó el ruido de un auto que se estacionó afuera de mi casa; nuestra recámara da a la calle. Pensé que era ella, asomé a la ventana, pero en vez de la camioneta de mi mujer, a la distancia se veía la silueta de un sedán. Intrigado, me quedé observando la escena. Una pareja se besuqueaba dentro, después de unos minutos salió una mujer que se dirigió hacia la puerta de mi casa. Era ella. Se veía que no andaba en sus cinco, porque caminaba con la dificultad propia de una ebria. El tipo la esperó desde el auto hasta que ella logró con problemas abrir la puerta, y entonces se fue. Me hice el dormido aguardando la llegada de mi mujer a la recámara. Aunque la luz principal del cuarto estaba apagada, iluminaba la habitación la tenue luz de una lámpara de buró. Mantuve mis ojos cerrados. No sé bien por qué. Quizá por la cobardía de encarar la situación. Quizá porque no deseaba echar a perder lo sucedido. Se notaba que ella trataba de no hacer ruido para no despertarme, pues no oí sus tacones sino hasta que los soltó sobre el suelo; se los había quitado y los llevaba en la mano seguramente. En seguida se tiró sobre la cama.

Esperé unos diez minutos hasta escuchar la respiración propia de cuando duerme. Finalmente abrí los ojos. Ahí estaba, sobre el edredón de la cama, recostada en posición semifetal. Vestía una pequeña falda que no le conocía, seguramente la había comprado para la ocasión. Su blusa también era nueva, de escote generoso, que dejaba ver buena parte de sus frondosos senos. Se ve que fue perfectamente disfrazada de puta. No resistí la tentación de levantar su falda, tenía la esperanza de encontrarla sin bragas, pero no, ahí estaba la tanga montada en su culo. Acerqué mis dedos y empecé a tocarla tímidamente en el sexo, buscando humedad. Entonces me di cuenta de que se había depilado el vello púbico, cosa que jamás había hecho anteriormente. Días después, leyendo una de sus conversaciones, supe que lo había hecho a solicitud de él. Hice de lado su tanga, para sentir sus labios, pero no estaba particularmente húmeda, como yo esperaba. No obstante, su prenda mostraba ciertas manchas. Me decidí a quitársela. Supuse que ella estaba profundamente dormida, porque no pareció percatarse de mi acción en lo más mínimo. Pude entonces analizar la prenda. En efecto, presentaba ciertas manchas secas que parecían de semen. Esa tanga era todo un trofeo que decidí esconder en uno de mis cajones del closet. Regresé a la cama y proseguí la exploración del coño de mi esposa. La tenue luz de la lámpara me reveló que su coño se notaba irritado, todo indicaba que había cogido demasiado, la muy puta.  Un impulso me hizo separar sus piernas y empezar a mamarle el coño, pero apenas la toqué con mi lengua, medio dormida y borracha emitió un gemido de dolor y cerró sus piernas diciendo “¡no!”. Entonces quise despertarla a besos, para que atenuara mi calentura, pero de nuevo sólo me encontré con su rechazo. Quedaba claro que la guarra ya había recibido todo el sexo que su cuerpo deseaba por esa noche. Como horas antes, lo único que me quedó fue hacerme una chaqueta. Llegado el momento y para satisfacer una vieja fantasía que ella me tenía prohibida, me vine en su rostro y su pelo, aprovechando que estaba bien peda y ni cuenta se daría. En efecto, no se despertó al recibir mi semen, que por otro lado no fue gran cosa, debido a que horas antes me había masturbado.

A la mañana siguiente desperté y ella seguía profundamente dormida. Como era sábado, me puse a ver la tele. Debieron ser como las 12 cuando por fin despertó. Tenía una cara de cruda, que no podía con ella.

- ¿Qué horas son? – preguntó medio asustada en cuanto tomó conciencia.

- Como las doce, ¿cómo te fue? – le respondí.

- ¡¿Las doce?! ¡En la madre! ¡Quedé de ir a desayunar con Juan Pablo a las 11! – respondió.

- ¿Pues a qué hora llegaste anoche? – le cuestioné para jugar un poco.

- Déjame hablarle para avisarle que se me hizo tarde – me dijo, sin dar visos de que había escuchado mi pregunta. Tomó entonces el teléfono y marcó el teléfono del hotel.

- Hola. Voy despertando, se me hizo un poco tarde – dijo una vez que le contestó el sujeto. La plática siguió con risas y frases cortas por parte de ella.

- Chiquitín, ¿me puedes traer un vaso de agua? – me dijo con obvia intención de que la dejara sola para que hablara libremente. Al instante salí del cuarto, pero me quedé afuera tratando de oír sus palabras. Bajó la voz, pero pude oír algunas cosas… “estuviste delicioso”… “no, todo bien”… “cuando recién me recosté pensó que estaba dormida y me quitó las bragas”… “sí, luego me empezó a lamer justo ahí”… “eres un depravado insaciable, te adoro”… “¿a la una entonces?”… “claro, bye, muchos besos”.

En cuanto terminó con la conversación me dirigí sigilosamente a la cocina por el agua que me había encargado. Cuando regresé, ella ya estaba tomando una ducha. Le puse su vaso de agua sobre el tocador y me recosté para ver la tele. Al poco rato salió envuelta en su bata de baño.

- Ando a las carreras, Juan Pablo va a pasar a la una por mí. Te manda saludos.

- ¿Y la camioneta?

- ¡Ay!, la dejé estacionada porque… la verdad… se me pasaron las copitas, cariño.

- ¿Y entonces cómo te viniste?

- Me trajo Juan Pablo.

- ¿Pues a qué hora llegaste?

- Ay, no recuerdo, pero ya no me distraigas porque se me va a hacer tarde.

- ¿Qué tiene que hablemos mientras te arreglas? Hablar no te quita tiempo.

- Claro que quita tiempo, me haces preguntas y en lo que me acuerdo pasan minutos.

- Sólo dime cómo te la pasaste.

- Bien, nos la pasamos muy bien – me dijo, mientras se enfundaba en una sexy tanga.

- ¿A dónde lo llevaste?

- Ay, pues a diferentes lugares, te digo que ya no me distraigas, mi cielo – respondía al tiempo que se colocaba encima una blusita súper sexy, cuya delgadez mostraba el relieve de sus pezones.

- ¿Pero no me vas a contar qué hicieron? – le dije, desesperado por obtener un poquito de lo que habían pasado juntos.

- Pues ir a lugares y platicar, ¿qué más íbamos a hacer, tontito? – contestó cínicamente, mientras se enfundaba en unos jeans a la cadera que hacía lucir soberbio a su par de nalgas.

- ¡Guau!, ¡te ves fabulosa! – le dije con toda sinceridad.

- ¿Sí te gusta? ¿No es demasiado juvenil?

- No, para nada, te queda perfecto – dicho esto, me paré súper excitado y la abracé lascivamente.

- ¿Qué haces, chiquitín? ¿No ves que no tarda en venir Juan Pablo?

- Es que te me antojas demasiado, cariño.

- Sí, pero se me está haciendo tarde, chiquito. Mira, si te portas bien te voy a traer un regalito - al tiempo que esto decía, deslizaba su mano por debajo de mi pijama hasta tocar mi culo con la yema de uno de sus dedos.

¿Qué me estaba queriendo decir? Yo me quedé quieto, como siempre que me pone el dedo ahí. Eso debía ser, si la dejaba prepararse tranquila para su amante, me haría un rico masaje a su regreso.

- Bueno, basta de juegos. Sal tantito mientras arreglo unas cositas – dijo al tiempo que retiraba su mano de mi trasero.

- Está bien, ya dejaré que termines de arreglarte tranquila, ¿pero para qué quieres que me salga del cuarto?

- Porque necesito arreglar unas cositas, tontito.

- ¿Qué cositas?

- Ya. Si no quieres salir del cuarto, no salgas. Nomás luego no me vayas a recriminar nada.

A continuación, tomó una pequeña maleta y empezó a guardar lencería en ella.

- ¿Para qué? – le pregunté atónito.

- ¿Ves por qué no quería que te quedaras en el cuarto? Sencillamente Juan Pablo me pidió que le recomendara lencería para comprarle a su esposa y le voy a enseñar ésta.

- ¿Y se la vas a modelar o qué?

- Ay ¡¿cómo crees?! De veras que te gusta hacerte la víctima. Sólo se la mostraré, punto.

Los dos estábamos actuando como verdaderos estúpidos. Ella fingiendo fidelidad, y yo haciéndome pendejo, como si no supiera que el cabrón ése se la estaba cogiendo. Sin embargo, el juego resultaba muy divertido.

Finalmente accedí a dejarla un rato a solas, para que terminara de arreglarse.

Al poco tiempo sonó un claxon. Era el sujeto. Mónica salió del cuarto hecha una diosa, una diosa piruja, pero diosa al fin. Mucho más apresurada de lo que suele hacerlo cuando salimos juntos, se despidió con un fugaz beso diciendo que regresaba al rato. Tratando de ser discreto, asomé por la ventana para verla. Él la esperaba en su auto. Se saludaron con un beso en la boca y se fueron.

De nuevo me encontré solo en casa mientras mi esposa paseaba con un wey que se la estaba cogiendo. La situación fantaseada por mí por varios años se estaba cumpliendo, y sin embargo no me sentía del todo bien. Es decir, me gustaba ver a mi esposa así de entusiasmada como la había visto hacía rato, pero algo de aquello no me convencía. Quizá eran el celo, la soledad, el aburrimiento en el que me encontraba en ese instante. Pero luego empecé a imaginarla siendo colmada de placer por aquel cabrón y de inmediato el desánimo se convirtió en excitación. Siempre me ha gustado imaginarla disfrutando. Entonces acudí de nuevo a la computadora de mi esposa, para seguir leyendo cosas.

En principio lo mismo de las primeras conversaciones. Nada nuevo. Pero de repente me topé con una en la que hablaban de mí. Ella le platicaba que a mí me gustaba que ella me metiera el dedo por el culo y el imbécil le contestaba que entonces seguro yo era un marica. Quedaba claro que el sujeto era un perfecto ignorante en materia de sexualidad. Lo que me llamó la atención es que ella, en vez de negar que yo era puto, parecía aceptar los comentarios de Juan Pablo como si vinieran de un erudito, incluso, la muy pendeja reforzaba le teoría del mamón añadiendo que yo había probado semen de su vagina sin decir nada, la vez que él se la cogió en Cuernavaca. ¡Puta! Mi propia esposa tildádome de maricón por culpa de este imbécil. Comparando la fecha de esta conversación, vi que encajaba más o menos con una ocasión reciente en la que haciendo el amor ella actuó de manera extraña, colocándose detrás de mí como si fuera hombre y estuviera cogiéndome de a perrito, incluso con movimientos pélvicos y sus manos sujetando mi cintura. En aquel momento pensé que era tan solo un juego erótico de su parte, pero ahora entendía que seguro estaba, según ella, “confirmando” mis tendencias homosexuales. Como esta vez no se la hice de tos, seguro pensó “sí, el burrito tiene razón, mi esposo es un maricón”. En fin, seguí leyendo.

El tal burrito le “explicaba” que había estado investigando en Internet, y que había leído que los hombres que fantaseaban con que su mujer los hiciera cornudos, eran homosexuales reprimidos que lo que en el fondo buscaban era tener un trío bisexual con otro hombre, para poder sostener relaciones homosexuales disfrazándolas de heterosexualidad. ¡Vaya pendejada! Ella entonces le preguntaba si estaría dispuesto a hacer un trío con nosotros dos en ese plan y Juan Pablo le respondió que le hacía mucha ilusión volver a cogérsela a ella, pero que jamás podría coger con un hombre. Pero que no se preocupara, que él podía conseguir un puto profesional que me llenara de verga. Ella sólo reía sus estúpidas bromas. Cuando leí eso me vino a la memoria el comentario que ella me hizo en su momento: “él te respeta mucho”. ¡Sí, cómo no, grandísimo imbécil! Pero bueno, fue el tipo que ella escogió para hacer realidad mi fantasía y ahora tenía que aguantarme.

Decidí entonces pensar en mejores cosas que en las pueriles burlas del “burrito”. Recordé las bragas impregnadas de pecado, las saqué del closet y me metí a la cama para olerlas mientras me masturbaba, reproduciendo en mi imaginación lo que estaría pasando mi esposa siendo enchufada por semejante patán. Me vine en cosa de minutos y dediqué el resto de la tarde a ver películas. Llegada la noche, bebí un poco y caí dormido. Esta vez no me di cuenta a qué horas llegó ella. Cuando desperté eran las 6 de la mañana y ella ya estaba metida en la cama. Esta vez sí se había puesto ropa de dormir, pues sus jeans, su blusa y su chaqueta yacían sobre el piso. Quizá no habría llegado tan ebria. Comprobé en la cochera que, en efecto, esta vez sí había traído la camioneta de regreso, lo cual confirmaba que no habría llegado tan ebria como la otra noche. Debieron ser como las 12 del día cuando por fin despertó.

- ¿Cómo te fue? – le dije en cuanto la vi despierta.

- Muy bien, chiquito, gracias, me la pasé muy bien.

- ¿Qué tanto hicieron?

- Pues platicar, platicamos mucho.

- ¿Y sólo eso? – le dije tratando de animarla a platicarme lo que yo quería.

- ¿Acaso te hubiera gustado que hubiese hecho algo más que platicar? – me contestó con voz cachonda mientras se acercaba a mí en búsqueda de mis labios. Sin alcanzar a responder, nos fundimos en un abrazo sexual. Era obvio que me deseaba callar. La empecé a manosear y cuando llegué a sus labios vaginales emitió un gemido.

- ¿Qué pasa? – le dije

- Nada, me duele un poquito.

- ¿Por? – vaya pregunta más pendeja, pero ni modo, la hice. Ella calló, pero sentí que me gritaba “¡¿pues por qué ha de ser, pendejo?!, porque me atasqué de verga con mi amigo”.

- Te prometí que te iba a traer un regalo si te portabas bien – me dijo para desviar la conversación, en seguida hizo que me recostara boca abajo – quédate aquí, con los ojos cerrados, ahorita vengo. Obedientemente cerré los ojos. Escuché que se paró e instantes después regresó a la cama. A continuación sus dedos húmedos tocaban mi culo untándome una especie de lubricante. Pensé que me lubricaba para darme un rico masaje con su dedo, pero instantes después sentí que con un objeto intentaba penetrarme.

- ¿Qué haces?

- Tú tranquilo, es el regalo que te prometí – me dijo.

Recordé entonces la conversación que tuvo con su amigo. Aquella idea estúpida de que, como yo disfrutaba del masaje prostático, entonces era un gay. Estuve a punto de interrumpir aquello, pero el anhelo de placer pudo más. Si dentro de su incultura sexual pensaba que yo bateaba con la zurda, era muy su problema, por lo pronto yo disfrutaría de lo que me había traído. Poco a poco comenzó a hacer un movimiento de entrada y salida con el juguete sobre mi culo. En cada regreso penetraba un poco más. Mientras esto hacía comenzó a decirme cosas cachondas.

- ¿Te gusta? - ¿qué esperaba que le dijera, la muy zorra, si acababa de encender el vibrador? Con un movimiento de cabeza le dije que sí.

- ¿Quieres más fuerte? – si era obvio que me estaba gustando, más obvio era que sí anhelaba mayor intensidad en la vibración. Volví a asentir con la cabeza.

- ¿Te gusta la verga en tu culito? ¿Te gustaría una real? - ¡por Dios! ¡pero qué mujer más…! Me gusta la estimulación de mi próstata, si el objeto que estimula es un dedo, un juguete o una verga real, es lo de menos. Pero ni modo, preferí decir lo que quería escuchar. Esta vez salió un tímido “sí” de mis labios. Sin sacar el vibrador del sitio en el que estaba, comenzó a masturbarme y a decirme cosas en mi oído; cosas como “la pasé muy rico ayer”, “hizo que me viniera como veinte veces”, “la tiene más grande que la tuya”, “me la metió por el culito”, “se vino en mi boca”, “imagina que te la está metiendo él”. Fue cosa de un par de minutos para que mis sábanas estuvieran manchadas de mi semen.

Tras descansar unos minutos, quise devolverle la cortesía acariciándola, pero me reiteró que estaba un poco adolorida, de manera que el fin de semana continuó sin mayores episodios sexuales, salvo los que se desarrollaron en mi mente todo el tiempo, pensando en las deliciosas depravaciones que podrían estar a la vuelta de la esquina a partir de aquel fin de semana.

Una historia de cuernos 2


 
Destrampe en Cuernavaca.


La morbosa situación vivida en la aventura de tres en la cama no ha sido la única que ha estimulado mi cornamenta.

En la época en la que aún éramos novios, por razones de trabajo mi hoy esposa tuvo que ir a una convención en Cuernavaca, lugar de residencia de uno de sus expretendientes. La cosa no tendría mayor problema, si no fuera porque se le ocurrió avisarle que estaría esos días por aquella ciudad. ¿Para qué avisarle? Ella me explicó que se trataba de su aún amigo y había prometido ponerlo al tanto cuando estuviera por allá. Yo lo conocía relativamente bien, porque alguna vez habíamos trabajado en la misma empresa, en la cual ambos habíamos conocido a mi novia. Los dos habíamos andado tras ella al mismo tiempo y había sido yo el afortunado vencedor del duelo, por lo que percibía cierta mala vibra de su parte, a pesar de que siempre procuró no hacerla evidente. Ante tal circunstancia, lo natural era que yo me encelara y le pidiera a ella que guardara distancia del mequetrefe, pero no lo hice. Aún hoy no me explico por qué no lo hice.

Transcurrieron los días y, de acuerdo a lo que habíamos convenido, pasé por ella a Cuernavaca una vez concluido el evento. Tal como habíamos quedado, me esperaba en el restaurant del hotel, pero no estaba sola; el susodicho estaba ahí. Saludé a ambos como correspondía, percibiendo un cierto ambiente denso, como si la conciencia de ella le estuviera haciendo un reproche y desde el interior de él se escuchara una risa burlona. Alucines míos, pensé.

Él se despidió, y ella y yo nos dirigimos a su habitación para recoger sus maletas. Al entrar al cuarto cerró la puerta y buscó mis labios, como pidiendo sexo. No es lo suyo tomar la iniciativa, pero esa vez lo hizo. Se supone que intentaríamos salir temprano para que no se nos hiciera tarde en carretera, pero súbitamente nos encontramos desnudos sobre la cama. Cuando mis dedos se hicieron de su concha para masturbarla, me di cuenta de que estaba mucho más lubricada de lo normal. Pensé entonces que se encontraba en un estado de excitación fuera de lo común y seguí en mi tarea de masturbarla hasta llevarla a un primer orgasmo. A continuación coloqué mi cabeza entre sus piernas, para darle sexo oral. De sus labios salió un tenue “no” que en su momento no comprendí. El sabor de su concha era distinto de lo normal. Sería de nuevo su alto estado de excitación, pensé. Un orgasmo más. Hora de cogérmela. Quise sacar un condón de mi cartera, pero ella me pidió que no, aclarándome que no había riesgo de embarazo. La ansiedad no daba espacio para la reflexión. Sin mayores preámbulos, penetré su vagina y bombeé como poseído, hasta que me vine por completo dentro de ella. Sus manos me empujaban por las nalgas, como si quisiera ser receptora hasta de mi última gota. El “gracias”, el cigarro, el “qué rico” y al baño.

Para ganar tiempo me puse a recoger. Al tomar sus bragas del piso las noté empapadas. ¿Por qué esos rastros de líquido blancuzco?, ¿a poco la muy puta fue capaz de…?, ¿por eso la excesiva lubricación?, ¿por eso aquel “no” que quizá pretendía que el olor o el sabor no la delataran…? ¡Guácala! ¡No mames! Busqué un pañuelo desechable para escupir en él. ¡Y su urgencia de que me la cogiera! Claro, la muy guarra había tenido sexo sin protección con aquél cabrón y el tener sexo conmigo lo más pronto posible, reduciría sus problemas en caso de que por mala suerte resultara embarazada. Por eso su pedido de no usar condón, pese a que apenas hace dos semanas estaba en plena regla… 

En medio de estas reflexiones, salió del baño y me dijo que qué me pasaba; que se me notaba pálido. ¡¿Y cómo quería que estuviera después de esto?! ¡La muy puta! La miré a los ojos y me encontré con el rostro inocente que le caracteriza. Recordé que ella no es tan cabrona; no podía haberme hecho lo que mis estúpidos procesos mentales me estaban dictando. Debía existir otra explicación. En medio de mi desconcierto, le dije que me había bajado un poco la presión, pero que ya me estaba sintiendo mejor.  No podía darme el lujo de acusarla de algo de lo que no estaba completamente seguro. Además, el estilo frío y calculador necesario para hacerme lo que se supone que me estaba haciendo, no encajaba para nada en su perfil.

Entré al baño. De reojo vi en el cesto de basura una cajetilla vacía de Marlboro rojos. Como ella fuma ligths, regresó mi sospecha y me dio por hurgar. ¡En la madre!: ¡una pinche envoltura de condón! ¡¿Qué chingada madre hacía esa envoltura ahí?! Lo de los cigarros podría explicarse, ya que cuando ella no encuentra ligths en la tienda, compra rojos… ¡¿pero la envoltura…?! El asunto parecía contradictorio; pues si según mis “alucines” se la habían cogido sin protección, ¿qué sentido había en esa envoltura? Claro que pudieron haber pasado varias cosas: quizá lo hicieron varias veces, la última sin protección; o utilizaron condón al principio, pero al final habrían prescindido de él…

¡Puta! Ya eran varias las cosas que me hacían sospechar. ¿Qué debía hacer?, ¿mentarle la madre por puta y mandarla a la chingada?, ¿buscar el diálogo civilizado para encontrar la verdad y, dependiendo de ésta, tomar una decisión?... ¿sencillamente callar al respecto? Esto último fue lo que hice de momento, como si en el fondo el asunto lejos de lastimarme me hubiera gustado. Ya en el auto, en el camino de regreso, ella me platicó que él la había llevado a “dar la vuelta” a los lugares turísticos de la ciudad. En algún punto de esta plática le pregunté si alguna vez él había estado en su cuarto. Ella, en vez de darme respuesta, puso sus labios en mi oído, y mientras acariciaba mi entrepierna, susurró en tono de broma que le encantaba cuando me ponía celoso. Fue todo. Ni yo insistí en la explicación de lo ocurrido, ni ella ahondó, como si ambos supiéramos que lo que más nos convenía era el silencio.

Después de varios años, ya de casados, la llegué a escuchar hablando en voz baja con su hermana, mencionando con tono de picardía su “destrampe en Cuernavaca”. Aún hoy, su rostro adquiere un matiz especial cuando el nombre del tercero en discordia llega a aparecer en alguna plática, como si le llegaran recuerdos de esos que producen chispas de placer.

Hace meses se puso a buscar en Internet a personas relacionadas con su pasado; no me lo dijo, pero estoy seguro de que buscó a esta amigo. En una de mis fantasías recientes la veo pidiéndome permiso para visitarlo; lo peor del caso es que pienso que se lo daría.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Una historia de cuernos 1




Tres en la cama.

Mi mujer y yo vivimos un noviazgo muy caliente, y pese a que lo hicimos “en todas partes”, mi apartamento fue el principal escenario de nuestros “arrebatos”. Tal asunto no sería nada fuera de lo común, de no ser por un detalle: en el lugar habitaba también mi mejor amigo.

Las primeras veces que llegamos a coger en mi apartamento lo hicimos, por recato, asegurándonos de que mi amigo no estuviera en casa. Sin embargo, con la calentura abandonamos este tipo de precauciones y pronto nos vimos teniendo sexo sin importarnos si el susodicho estaba o no presente. Sencillamente nos encerrábamos en mi cuarto y dábamos vuelo al frote de la carne. Por los sonidos y las circunstancias, obviamente él se enteraba de todo, pero tomó en muy buena onda la situación y sólo bromeaba diciendo que no contáramos dinero delante de los pobres.

Alguna vez invitamos al apartamento a la novia de mi amigo. No había ninguna intención “extraña”, sólo comer y convivir tranquilos. Al terminar de comer, mi novia y yo nos sentamos en la sala y comenzamos a acariciarnos. Por alguna razón rara, la novia de mi amigo se escandalizó por la escena y salió huyendo como si se hubiera encontrado con el diablo. Al parecer a la mujer le pareció “impropia” la situación. Varias veces hablé con mi amigo sobre el asunto. Decía envidiarme en buen plan por contar con una novia tan buena onda. Yo también así lo vi siempre; es mucho mejor tener por compañera a una mujer ardiente, aunque se le tache de puta, que a una mocha fría como un pez.

Uno de nuestros pasatiempos favoritos en fines de semana era ver películas rentadas, y como sólo en el cuarto de mi amigo había videocasetera (en aquel entonces aún no existían comercialmente los DVDs), era común que los tres nos concentráramos ahí para ver un maratón de películas. La situación era un tanto morbosa, porque los tres nos recostábamos en la “king size” (considerando que era el único mueble acogedor de la recámara), con mi novia siempre al centro. Como era de esperarse, en un principio ella se sentía un poco incómoda, y procuraba recostarse lo más cerca de mí y en una postura más bien agarrotada, como sometida por el recato. Sin embargo, nunca me sugirió que compráramos nuestra propia videocasetera, por lo que asumí que a ella también la atraía esto de ver películas en cama ajena. Con el tiempo fue relajándose hasta el punto de que a veces se desabrochaba sus apretados jeans para estar más cómoda. Mi amigo bromeaba diciéndole que se quitara la prenda para que estuviera más a gusto; ella le respondía que no fuera “pelado”, pero al mismo tiempo parecía no importarle que parte de sus bragas quedaran al descubierto por la abertura del pantalón.

El asunto alcanzó su máximo nivel de cachondez cuando, a sugerencia mía, empezamos a añadir pelis porno a nuestro maratón cinéfilo. La primera vez se lo propuse a ella medio en broma en el videoclub. Pensé que me mandaría a volar, pero para mi sorpresa aceptó con una sonrisa pícara. Otro que tomó de muy buena gana la idea fue mi amigo. De ahí en adelante y de vez en vez, nuestras tardes de cine tuvieron un toque de lujuria en la pantalla. Era obvio que en aquellas ocasiones los tres nos calentábamos mucho, pero el asunto no pasaba a mayores.

En esas tardes de cama para tres, no era rara la situación en la que uno, dos o los tres nos llegábamos a quedar dormidos por el cansancio que una ardua semana de trabajo nos había provocado. Esto inducía situaciones morbosas, como cuando ella se dormía en posición fetal, haciendo resaltar su rico trasero. Aunque mi amigo procuraba no fijar la vista con descaro, era evidente que aquella pose de mi novia lo ponía a mil. No necesito decirles lo que llegaba a ocurrir cuando ella vestía falda o vestido corto, que no eran pocas veces. En esas circunstancias yo disfrutaba de “ir al baño”, para dar chance a que mi amigo recreara su pupila con tranquilidad. Alguna vez, al regresar del baño, observé que la falda estaba levantada más de la cuenta. Sólo me reí por dentro e hice como que no me daba cuenta del “detalle”.

Otra situación divertida era cuando ambos se dormían. Aunque generalmente “guardaban la compostura”, de repente quedaban uno junto al otro. Una de las escenas que más me gusta evocar, corresponde a una ocasión en la que también regresando del baño los encontré totalmente embonados uno al otro, ella con su trasero encajado en el regazo de él, como si fueran una pareja durmiente común y corriente. La mano de él caía sigilosa, casi sobre la entrepierna de ella. ¿Qué hice?... ¡Nada! Sólo disfrutar de la escena que extrañamente me producía gran placer. ¿Fue algo provocado por él, por ella, por ambos o sólo por sus subconscientes? Nunca lo supe, nunca pregunté.

En los casos en los que él era quien caía víctima del sueño, ella y yo disfrutábamos de ponernos a fajar. Oficialmente él nunca se despertó en medio de nuestros arrebatos, jamás me dijo nada, pero lo cierto es que ante el meneo natural de la cama y los gemidos que ella nunca escatimó, para todos siempre fue obvio que él sabía lo que a veces ocurría entre nosotros cuando él “dormía”.

No sé. A veces creo que si alguno de los tres hubiera tenido un poco más de iniciativa, aquello habría terminado en algo más, pero por alguna razón ninguno de los tres se atrevió a dar el paso que se necesitaba para conformar el trío. Quizá el cuidado que él tuvo por no hacer algo que pusiera en riesgo nuestra vieja amistad; quizá el temor de ella, de que lo nuestro se fuera por un camino que llevara al final; quizá mi incapacidad de encontrar la manera de decirles “si les atrae, hagámoslo”. El caso es que los meses transcurrieron sazonados por estos deliciosos jugueteos, sin pasar a nada más, salvo por mis sospechas, quizá sólo avivadas por el deseo, de que en algún momento pudieron haber cogido entre sí.

Razones laborales terminaron con este trío que jamás fue. Con el tiempo me casé con ella y aunque hoy vivimos en una ciudad distinta de la de mi amigo, nos reunimos en parejas (él casó con la mujer pez) por lo menos dos o tres veces al año, y aunque ninguno de los tres toca el tema de nuestras viejas andanzas (hoy ella disimula haberlo olvidado), imagino que en el fondo ambos evocan aquella época erótica con tanto placer como yo lo hago.

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