martes, 29 de abril de 2014

El fetiche "cuernos consentidos": cuando la infidelidad de tu esposa te excita

Me traigo un interesante artículo sobre los cuernos consentidos, publicado en un importante medio de comunicación de actualidad. No cabe duda de que el fenómeno está tomando cada vez más popularidad.

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A algunos maridos les gusta ver a sus esposas siendo "infieles". Bienvenidos a los 'cuernos consentidos', un fetiche tabú que es mucho más común de lo que quizá crees.

Imagina a tu esposa susurrándote al oído, diciéndote todas las travesuras que hizo con uno de sus compañeros de trabajo en el asiento trasero de su coche. Y que en lugar de sentir celos, te excitas. O quizá disfrutas de saber lo muy deseable que es tu esposa. O tal vez quieres mirar mientras ella te engaña, te es infiel y te obliga a involucrarte en cosas humillantes. Bienvenidos a los "cuernos consentidos", un fetiche tabú que es mucho más común de lo que piensas.
 


Por definición, por supuesto, un cornudo es el "marido de una adúltera". El fenómeno en sí no es nada nuevo (ver las obras de Shakespeare o Chaucer). Incluso podría considerarse universal, ya que decenas de idiomas tienen un término que se refiere a lo mismo. El fetiche "cuernos consentidos" de hoy en día, sin embargo, hace de lado el engaño y la traición - contempla que ambos socios están confabulados.
 
Mientras que la persona promedio puede pensar que la idea de compartir un esposa es horrible, la NASCA (Asociación de Clubs Swingers de Norteamérica) estima que al menos el 15 por ciento de las parejas casadas han optado por el estilo de vida liberal. Aunque ser swinger no implica ser "cornudo" exactamente, en ambos conceptos existe la idea de compartir voluntariamente a la pareja. Según el Dr. Paul Abramson, profesor de psicología de la UCLA y voz cantante en el grupo "Crying 4 Kafka", "las relaciones heterosexuales americanos tradicionales se basan en la monogamia. Los cuernos consentidos serían entonces una relación suicida. Sin embargo, para las relaciones que tienen diferentes límites, el impacto podría ser trivial". Él dice que si el 50 por ciento de todos los matrimonios terminan en divorcio, los cuernos no pueden ser los únicos culpables.
 
De acuerdo con la Encuesta Social General llevada a cabo por el National Opinion Research Center, el 19 por ciento de los hombres y el 14 por ciento de las mujeres admitieron (palabra clave: admitieron) haber tenido una aventura extra-marital. Esas estadísticas tienen sentido teniendo en cuenta la popularidad de los sitios web de engaño como AshleyMadison.com que tiene más de 8 millones de miembros (que es más o menos un 2.5 por ciento de la población de EE.UU.). La tecnología, por supuesto, hace más fácil tener una relación discreta.
 
Toma "Tinder", la nueva app de moda. Descarga la aplicación, encontrarás gente dentro de un radio determinado, haz "swip" a la izquierda o la derecha, en base de si crees que la persona en turno es atractiva o no. Si bien, es imposible precisar la cantidad exacta de parejas generadas por "Tinder", su fundador y CEO, Sean Rad, dijo a TechCrunch que la app atestigua haber logrado 3,500,000 de parejas a lo largo de 350 millones de "swips" por día. ¿Y cuántas de esas personas ya están en una relación? La infidelidad no siempre es la muerte de una relación. Para algunos, parece ser una chispa.
Algunos creen que los "cuernos consentidos" son sencillamente la infidelidad expuesta. En cierto modo, pone sabor a la vida sexual sin la culpa añadido de lainfidelidad. Mientras este fetiche no es para los inseguros,  ciertamente tampoco lo es es para los monógamos. (Definitivamente no es para mí.)
 
Isadora Almen, psicoterapeuta y sexóloga autorizada con licencia, dice que el fenómeno cornudo ya no puede explicarse como el deseo de alguien por rubias pechugonas o ser azotado. Es una inclinación individual, sobre la que ha estado respondiendo preguntas desde los años 80. Almen dice que un hombre con esta inclinación no se siente como si fuera una víctima. Más bien se considera a sí mismo como una persona "particularmente generosa, que gusta de contemplar el placer de su pareja". Ella agrega una advertencia: "Yo no lo recomendaría como una terapia sexual para condimentar una vida amorosa. Podría dar lugar a celos y resentimiento. Es bastante ajena a la mayoría de la gente y en muchos casos es la mujer quien resulta resentida y no el hombre con esta inclinación".
 
No siempre se trata de realizar una fantasía, a veces es suficiente con sólo mirar. Mean Cuckold es el producto más vendido que el director Glenn King ha lanzado. King dice que la gente se aburre con el sexo tradicional. "Los cuernos consentidos son una forma de humillar a un esclavo o explorar la sexualidad", dice. "La infidelidad es sólo la realización del acto físico de engañar al cónyuge. Se puede decir, sin embargo, que la infidelidad es también una manera de poner los cuernos a un sumiso".
 
El acto de poner los cuernos a menudo puede vincularse con la dominación femenina, como es evidente en la serie de King. Hay tres tipos de hombres cornudos: los sumisos, los bisexuales forzados y los mirones. "A los sumisos les excita la humillación", dice King. "Ellos fantasean con ser degradados y humillados por una mujer hermosa. En segundo lugar están los chicos que quieren ser empujados a explorar sus fantasías más oscuras: la bisexualidad forzada. Ellos quieren ser empujados por su señora a hacer cosas que nunca harían, como adorar a otro hombre. Luego, por último, tenemos los "voyeurs", que disfrutan de ver a su amante conseguir placer con otro hombre. Y para dar un paso más allá, están los hombres mayores que crecieron en el Sur, para quienes observar a su mujer teniendo relaciones sexuales con un hombre negro es absolutamente impactante".
 
Si los cuernos consentidos son sólo un fetiche más, como el BDSM, ¿por qué hay tanta vergüenza de sólo mencionarlo? Almen dice que en realidad todo está en la definición. "Los cuernos siempre han venido de la mano de la vergüenza", dice ella. "Realmente el dedo acusador se señala sobre un hombre cuya mujer le es infiel".

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